Democracia y reformas sociales
Fabricio
La democracia, en el pensamiento liberal clásico, se presenta como el
escenario de acción política, en donde los ciudadanos expresan y enfrentan
propuestas políticas, en función del bien común, en un ámbito de libertad e
igualdad, garantizados por el Estado.
El progresismo le caracteriza como “una permanente conquista (de derechos)
cotidiana y como un orden perfectible a partir de la acción ciudadana”
vinculando el concepto al progreso económico, a la justicia social mediante
reformas.
En uno y otro concepto, la democracia se vincula a las reformas sociales, bajo
distintas formas:
• La primera, como un juego en donde la
bondad de los ciudadanos y del Estado garantizan un futuro cada vez mas justo.
• En el segundo, mediante la conquista
de derechos, que se puede interpretar que es el conflicto, el que permite en
una dinámica gradual, la perfectibilidad de la sociedad.
Miradas desde otro ángulos las reformas sociales, a nuestro entender, son
respuestas de la burguesía a la organización y movilizaciones populares, con
el propósito de neutralizar su ascenso y evitar potenciales momentos
revolucionarios, que invariablemente se complementan con medidas represivas,
orientadas a desestructurar la organización popular y de la izquierda
revolucionria.
En la historia del Ecuador, junto a las reformas “conquistadas” por los
trabajadores con movilizaciones sociales, el gobierno ha implementado
políticas de carácter represivo, como la terca realidad lo demuestra.
En la dácada de los treinta y cuarenta del siglo pasado, con la movilización
de los trabajadores, fundamentalmente artesanos y la presencia de las
organizaciones de izquierda, el Estado asume algunas reformas (limites en
jornadas laborales, salarios mínimos, estabilidad laboral, ampliación de la
cobertura de servicios de educación y salud) que, conseguido el objetivo,
desmoviliza a los trabajadores; momento en que el estado emprende procesos de
represión (persecución de dirigentes sindicales y de las organizaciones de
izquierda, que muchos de ellos se ven obligados a salir del país, como
exilados políticos) orientados a debilitar y destruir a la organización
social.
En los años sesenta y setenta las movilizaciones de trabajadores y
estudiantes, provocan el establecimiento de gobiernos militares, que
concomitantemente con la implementación de algunas reformas sociales, se
persigue a dirigentes políticos y sindicalistas de izquierda, con el propósito
de siempre, destruir a la organización social e impedir procesos de
fortalecimientos de poderes alternativos y revolucionarios.
El gobierno progresista, que asume la direccion del Estado, como resultado de
movilizaciones populares y con apoyo y entusiasmo de la izquierda, apunta a
cambios en la estructura de producción capitalista, estableciendo ciertas
reformas centradas en:
• gasto inversión presupuestaria como
incremento del presupuesto en salud, eduación, infraestura vial, etc
• ; a la vez que se condonaba deudas de
empresarios, se privatizaba recursos del Estado,
• se congelaban los salarios reales de
los trabajadores,
• se terminaba con el principio de la
estabilidad laboral
• se apuntaba a destruir la
organización social y política popular mediante: la coptación a los sistemas
de gestión estatal de dirigentes campesinos y sindicales,
• la conformación de organizaciones
alternativas dependientes del gobierno y el desprestrigio a los dirigentes
sociales. Con el mismo propósito del poder, destruir la organización popular
contestaria.
En este sentido, la democracia, como todas las formas de representación
política del poder autoritario, es un sistema de gestión que concentra las
decisones políticas en el Estado, especialmente en el ejecutivo, con capacidad
de reprimir y destruir movimientos sociales y “las conquistas sociales”,
especialmente cuando estas amenazan los ejes de constitución y reconstitución
permanente del capital y que Agustin Cueva, denominaría democracias
“restringidas” y controladas.
Sin embargo, estas experiencias, por más duras que signifiquen para la
resistencia popular, no descalifican a la democracia como espacio para que los
trabajadores se organicen para “conquistar” reformas, el problema es
sobrevalorarla y considerarla como el único sendero para mejorar las
condiciones de vida de los trabajadores y creer que la democracia, en algun
momento alteraria los ejes fundamentales de reproducción del capital, fuente
de concentración de la riqueza, corrupción, desempleo, pobreza, racismo y
patriarcalismo.
Insistiendo que las reformas sociales, independientemente de las formas de
representación política del capital, se alcanzan con la organización de los
trabajadores y de los sectores sociales excluidos de los derechos sociales, de
su capacidad de movilización construida con posiciones doctrinarias, identidad
de clases, edificada en la resistencia por la consecución de los derechos y
apuntando permanentemente a consolidar poderes alternativos para enfrentar el
autoritarismo del Estado, como representación y organización política del
capital.
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